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Nadie está exento de equivocarse

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“Equivocarse no nos hace menos valiosos, nos hace humanos. El verdadero arte no está en ser perfectos, sino en tener el valor de cambiar.” Todos tenemos miedo a equivocarnos. En la vida hay errores que podemos cometer sin mayor consecuencia, pero existen otros que pueden llegar a ser catastróficos. La verdad es que nadie quiere fallar. Sin embargo, errar es una de las formas más eficaces de aprender. Inclusive, podría decirse que fallar te entrena para el éxito, porque equivocarnos nos enseña, una y otra vez, lo que no debemos hacer. La vulnerabilidad de la gente buena Equivocarse y lastimar a otro no es exclusivo de las malas personas; la gente buena también ha herido a otros. Nadie está exento de cometer errores. La diferencia real radica en que algunos buscan mejorar y otros no, porque admitir que estamos equivocados requiere de mucha valentía. Si cuando te equivocas aceptas las críticas, manejas tus miedos y mantienes una mente abierta, entonces aprenderás, resolverás y seguirás a...

Para dejar de llorar, debo llorar

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Muchas veces cuando estamos consolando a alguien decimos la expresión "-Ya no llores más-",  en la mayoría de los casos no lo hacemos con mala intención. Lo hacemos porque queremos que la otra persona, por la cual sentimos empatía, ya no sufra más.  De lo que no nos damos cuenta es que para dejar de llorar, debemos llorar. No hay otra forma de poder calmarnos realmente.  Llorar depura el alma. Llorar con sentimiento y  "a moco tendido" nos ayuda a sanar, nos permite pasar la página.  Llorar tiene más beneficios para el cuerpo que no hacerlo. Cuando lloramos se reduce nuestro estrés y hasta se alivian los dolores físicos, porque llorar hace que el sistema nervioso se relaje. Es una respuesta natural del cuerpo que ayuda a recuperar el equilibrio físico y mental. Cuando evitamos llorar, el cuerpo activa mecanismos de control que generan tensión muscular, aumento del cortisol y un estado de alerta. Sentimos ese nudo en la garganta que parece que nos aho...

Desequilibrio energético en la pareja

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Las mujeres que pueden con todo, atraen a hombres que no sirven para nada. Escuché esta frase hace poco, la verdad no recuerdo dónde.  Quedó grabada en mi mente y dando vueltas como un trompo.  Tratando de razonar y profundizar estas palabras me doy cuenta que son muy probables, aunque sin duda no son una regla sine qua non. Las mujeres ahora estamos acostumbradas a resolverlo todo basándonos en un feminismo mal concebido, la presión social y la gran cantidad de "hombres poco útiles "  que proliferan como virus de pandemia; me preocupa que una cosa es consecuencia de la otra, es como un círculo vicioso. Cada vez que una mujer resuelve sola los problemas familiares, de pareja, hijos, escuela y hasta económicos, está haciendo a su vez al hombre menos participativo y eficiente en la atención de la familia y en la resolución de crisis. Asumiendo ella el rol masculino y con esto afianzando que los hombres sean poco útiles como pareja.  Así también, cada vez que un hombre ...

La medida de la correa

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Tengo una correa desde hace 11 años aproximadamente, tal vez sea un poco más, ya no lo recuerdo; y aunque no lo crean; o si, no lo sé; aún la uso casi a diario. He comprado 2 correas más en ese transcurso, pero no las he usado, no me siento cómoda con ellas. Eso tiene varias lecturas, una es en definitiva, que la correa es de buena calidad, está un poco maltratada, pero en muy buen estado, la hebilla la he cambiado un par de veces, a pesar de eso sigo pensando en que esa correa fue una muy buena inversión, 10 de 10.  Otra lectura muy importante es que mi peso o contextura física, no debe haber variado mucho para poder seguir usándola. He ido y venido entre el primer y último agujero en esos 11 años, debo confesar que en los últimos 2 años me he mantenido a la fuerza en el último, donde ya no da más. Me atrevería a decir que es una herramienta que me permite medir y controlar mi peso y "el pico", me doy cuenta que ya no puedo comer más, cuando sentada debo desatar la correa pa...

La loca de la casa

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La colombiana Margarita Pasos menciona constantemente la expresión  "la loca de la casa", Margarita es una mujer muy talentosa en liderazgo, motivación personal y asesoría empresarial, que a mi en lo particular me encanta, con esta frase ella se refiere a nuestra mente, al diálogo interno negativo, al miedo, la ansiedad y los pensamientos limitantes que nos impiden actuar. Es esa vocecita interna que te hace pensar en miles de escenarios donde las cosas salen mal, donde no logramos nuestros propósitos, son esos pensamientos en bucle que no nos permiten avanzar hacia nuestra meta con buen pie.  La metáfora de "la loca de la casa", originalmente fue dicha por Santa Teresa de Jesús, ella se refería a la imaginación y el pensamiento descontrolado que agobia, mortifica y roba la paz interior. Y quién no ha luchado con "la loca de la casa", yo me atrevería a decir que a todos nos ha pasado. Constantemente tenemos esos pensamientos que nos hacen senti...

Las mujeres estamos hechas de culpa

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La culpa es una emoción humana, es una apreciación subjetiva desagradable que sentimos cuando hemos faltado a lo que se considera moral o ético, y que además causa daño a uno mismo o a otra persona. Esa culpa puede causar remordimiento, angustia y unas ganas locas de enmendar eso que te hace sentir culpable. En ocasiones la culpa nos puede ayudar en la convivencia, pero hay casos en que se vuelve intensa y sofocántemente excesiva. Estudios indican que las mujeres experimentan sentimientos de culpa con mayor frecuencia e intensidad que los hombres, ¡qué sorpresa, jamás lo habría pensado! (sarcasmo). Las mujeres somos altamente sensibles a la culpa, supongo se debe en gran parte a las expectativas sociales y a que tenemos una mayor orientación a las relaciones interpersonales y ese socializar parece que nos compromete de una forma u otra.   Las mujeres solemos sentir más culpa por el equilibrio entre trabajo y familia o la maternidad. Es que si solo nos queremos dar un tiempo pa...

Cicatrices

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Cicatrices: el arte de florecer desde nuestras piezas rotas Todos tenemos cicatrices , unas grabadas en la piel por batallas físicas y otras tantas esculpidas en el alma por historias de amor y de dolor. Hay marcas en el cuerpo que cuentan relatos de accidentes infantiles, de caídas en bicicleta donde las rodillas y los codos fueron los protagonistas, o de procesos más profundos como una cesárea, una apendicitis o una cirugía mayor. Al principio, verlas nos incomoda. Nos miramos al espejo y nos cuesta reconocernos; tememos la mirada imprudente de los demás. Sin embargo, con el paso de los días y los años, el tiempo hace su magia. Esas marcas se funden con nuestra fisonomía, dejan de doler y dejamos de intentar ocultarlas. Se vuelven parte de lo que somos. El verdadero desafío aparece con las cicatrices del alma . Esas heridas invisibles que nacen del rechazo, el abandono, la humillación, la traición o la injusticia. De estas nadie se salva; todos llevamos al menos una grieta en el pech...