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Mostrando las entradas de agosto, 2025

La casa de mis sueños

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Toda la vida he soñado con algo y es vivir en una casa cerca del mar, donde se puedan escuchar las olas, oler el agua salada, sentir el viento que roce mi cara y haga volar mi cabello a su antojo.  Esta casa la he visto por dentro y por fuera en mis pensamientos, en mis sueños y hasta alguna vez hice unos garabatos tratando de hacerla un poco más real, pero la verdad es que no quedó muy bien. Prefiero la casa de mis pensamientos, esa si que no defrauda.  La casa de mis sueños tiene una terraza en la entrada, donde cuelga una hamaca y en la esquina un atril de pintar con un lienzo y óleo, tiene grandes ventanas que iluminan la sala y la cocina de frente, en la entrada un móvil campanea armoniosamente con el danzar del viento, hay un árbol mediano en el jardín con cercas vivas, de donde pende un columpio que entre balanceo y balanceo oxigena mis pensamientos, dentro están dos habitaciones que reciben el sol de la mañana y por las noches un farol de la calle las llena de luz....

Nuevo lujo: pensar

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  Hace poco vi un pequeño post hablando de este tema, el lujo de pensar, y me pareció super interesante el punto de vista. Ya había escuchado sobre cómo es la educación escolar y en casa de las personas más adineradas del mundo, estos tienen limitado, muy limitado, el uso y exposición a las pantallas, inclusive a los hijos de los creadores de las tecnologías y contenido para las redes. Ellos sí que saben su efecto nocivo. Ha nacido una nueva discriminación a nivel mundial para las clases sociales, la de pensar, puedes sentir de momento que es una tontería, pero la verdad es que no lo es.  Estudios indican que las personas menos adineradas, los más pobres, son las que pasan más tiempo frente a una pantalla, consumiendo material inerte, sin ningún provecho real más que la distracción y el entretenimiento. Y los que tienen mayores capacidades económicas, las élites, tienen a sus hijos en escuelas donde la lectura profunda es primordial, casas sin pantallas, hijos sin redes y niñe...

No soy de aquí ni de allá

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Constantemente siento esa necesidad de conectarme con algo, con alguien, eso que me ayude a pisar tierra, a sentirme querida, amada, a sentir que pertenezco a algún lugar, y ya no sé de donde soy, ni dónde está mi casa, ni mi hogar.  De verdad que me gusta la soledad, la disfruto mucho, hasta reconfortante es en algunos momentos, claro que es una soledad que está condicionada a tener a mis hijos a un lado. Hablo de una soledad de más familia, amigos o simples vecinos, del disfrute del silencio y tranquilidad.  Cuando vivía con mi esposo era igual, estaba sola sin con quién conversar y aunque al principio fue muy muy duro asimilar que ya no estaría más, luego me pude dar cuenta de que es mejor estar sola que con alguien obligado a tu lado. No pertenecía a ese lugar.  Cuando llegamos a Lima fui conociendo varias personas de un círculo diminuto que era la Escuela de mis hijos, un colegio pequeño que tenía una sección por grado con 15 alumnos como máximo por salón. Y de esos ...