Para dejar de llorar, debo llorar
Muchas veces cuando estamos consolando a alguien decimos la expresión "-Ya no llores más-", en la mayoría de los casos no lo hacemos con mala intención. Lo hacemos porque queremos que la otra persona, por la cual sentimos empatía, ya no sufra más.
De lo que no nos damos cuenta es que para dejar de llorar, debemos llorar. No hay otra forma de poder calmarnos realmente.
Llorar depura el alma. Llorar con sentimiento y "a moco tendido" nos ayuda a sanar, nos permite pasar la página.
Llorar tiene más beneficios para el cuerpo que no hacerlo. Cuando lloramos se reduce nuestro estrés y hasta se alivian los dolores físicos, porque llorar hace que el sistema nervioso se relaje. Es una respuesta natural del cuerpo que ayuda a recuperar el equilibrio físico y mental.
Cuando evitamos llorar, el cuerpo activa mecanismos de control que generan tensión muscular, aumento del cortisol y un estado de alerta. Sentimos ese nudo en la garganta que parece que nos ahoga, algo también muy notorio es la tensión muscular que se ejerce en la cara, el cuello y el pecho debido al esfuerzo por contener la emoción. Sin hablar de que el corazón se acelera activando un sistema de alerta que aumenta y mantiene el cortisol.
Lloramos más por causas emocionales que físicas. Las emociones intensas como la tristeza por una ausencia, una ruptura o un duelo profundo; el estrés y ansiedad acumulada que sobrepasan nuestra capacidad mental; la empatía cuando conectamos con el dolor de otra persona y hasta la felicidad nos hace llorar en ocasiones de alegrías intensas o de alivio. Si te pones a pensar lloramos más por estas razones que por algún dolor físico.
Para aliviar el dolor físico normalmente tenemos los medicamentos que permiten agilizar el proceso de sanación, sin embargo, para la parte emocional una de las principales formas de sanar, es llorar.
Seguro has escuchado aquello de que "todas las aguas saladas sanan: las lágrimas, el sudor y el mar", pues creo que es totalmente verdadero.
Por eso digo que para dejar de llorar, debo llorar. Debo llorar para poder sanar.
No sé si te ha sucedido que de repente sin darte cuenta estás llorando, sin poder controlar del todo ese llanto que en la mayoría de los casos es silencioso, muchas veces sentimos que no hay un detonante evidente en nuestro entorno, sin embargo, cuando tenenos una sobrecarga emocional acumulada, el sistema nervioso autónomo busca autoregularse utilizando las lágrimas como una válvula de escape física para equilibrar la química cerebral.
Hace unos años pasé por una situación muy difícil en mi vida, durante ese periodo de duelo, debido a la fuerte depresión que tenía, sentía una tristeza persistente que activaba mi llanto sin un motivo externo directo, de repente y sin darme cuenta estaba llorando, mis lágrimas no podían parar, no importaba dónde o con quién estaba, era algo que no podía controlar. Luego con el tiempo y en mi proceso de sanación supe que eso era una respuesta normal de mi sistema nervioso para autoregularse. Y ese montón de lágrimas que boté a diario durante casi tres años, junto con otras tantas estrategias me permitieron superar esa crisis.
Mis lágrimas definitivamente me ayudaron a sanar y continuar con mi vida.
Así que ya saben, una lloradita y a seguir.
Hermosa reflexión hermana , te quiero
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