No soy de aquí ni de allá

Constantemente siento esa necesidad de conectarme con algo, con alguien, eso que me ayude a pisar tierra, a sentirme querida, amada, a sentir que pertenezco a algún lugar, y ya no sé de donde soy, ni dónde está mi casa, ni mi hogar. 

De verdad que me gusta la soledad, la disfruto mucho, hasta reconfortante es en algunos momentos, claro que es una soledad que está condicionada a tener a mis hijos a un lado. Hablo de una soledad de más familia, amigos o simples vecinos, del disfrute del silencio y tranquilidad. 

Cuando vivía con mi esposo era igual, estaba sola sin con quién conversar y aunque al principio fue muy muy duro asimilar que ya no estaría más, luego me pude dar cuenta de que es mejor estar sola que con alguien obligado a tu lado. No pertenecía a ese lugar. 

Cuando llegamos a Lima fui conociendo varias personas de un círculo diminuto que era la Escuela de mis hijos, un colegio pequeño que tenía una sección por grado con 15 alumnos como máximo por salón. Y de esos solo hice amistad con 3 ó 4, de esas con el tiempo me quedé con 2 que eran las más cercanas. Hoy en día ya las veo muy poco, cada quien ha tomado caminos diferentes, distintos colegios de los hijos, se han mudado y ya tienen nuevas amistades, además de sus familias que por supuesto son de Lima. Antes nos reuníamos semanal, luego quincenal o mensual, después nos encontrábamos en cumpleaños y fechas especiales y ahora este año, estamos en Agosto, no nos hemos reunido con intención, solo encuentros casuales sin mucho qué decir. Lo lamento tanto. He intentado varias veces sin éxito que nos reunamos, pero nunca coincidimos en tiempo y espacio, siempre hay algo más que hacer. Las sigo queriendo igual y estoy segura de que ellas también a mi, sin embargo, debo decir que tampoco pertenecía ahí. 

Ahora mis hijos estudian en un colegio grande, 6 secciones por grado con 35 a más alumnos por sección, desde inicial hasta 5to de secundaria. Aquí la situación es peor, conozco a varios padres y madres, pero no llego a establecer una amistad cercana. No es tampoco mi lugar.

Hemos vivido en el mismo sitio desde que llegamos a Lima, no sé si por fortuna o desgracia, de eso hace ya 7 años. En el edificio mi vecina, la Sra Sara, una mujer noble, bondadosa, atenta y muy querida con mis hijos, me acompañó de forma genuina durante mis días más oscuros en este lugar, ella que es la mejor persona que he conocido en mi migración, hace un año se mudó. No muy lejos, de hecho es en la misma urbanización, pero claro que ya no nos vemos como antes, aunque ella siempre está a la orden para mi y yo para ella. Me duele pensar que tampoco pertenezco ya a ese lugar.

Ahora converso ocasionalmente con alguna mamá o papá de los amigos de mis hijos, durante entrenamientos y partidos de voley o fútbol, sin embargo, no puedo ir a todos los entrenamientos ni a todos los partidos, solo a muy pocos puedo asistir, esto me convierte en eso precisamente, en una compañía o conocida ocasional. Por eso también siento que no pertenezco ahí.

Las personas y lugares, vienen y van y no logro hacer match, pareciera que no hay compatibilidad, que no puedo mantener en el tiempo algo duradero y real. Suelo pensar que no tengo facultades para eso, pues definitivamente el factor común soy yo. 

En Venezuela hacer amistad verdadera no recuerdo que fuera tan difícil; sé y entiendo que los contextos son diferentes y que tampoco soy de personalidad muy social. 

No soy de aquí ni de allá.

Me preocupa que mis hijos sean igual, que cuando yo falte no tengan a quién acudir ni con quién desahogar o celebrar. Que sus círculos en vez de aumentar, poco a poco se reduzcan a su mínima expresión. Sin tíos, padrinos ni primos cerca, sin padre cerca; sin esa complicidad e incondicionalidad familiar. Por eso procuro que ellos hagan amigos, los invito a casa y a quedar, me gusta que se sientan amenos, darles calor de hogar. 

Ahora quiero pensar que no es cuestión de pertenecer a algún lugar, ser de aquí o de allá, es solo que todo es transitorio, las personas y las cosas vienen y van, poco queda para siempre físicamente. Que no soy yo, sino que hay tiempo para la bulla y para el silencio, para el gentío y la soledad, para estar aquí y estar allá. 

Tal vez es solo eso, que soy de aquí y de allá.  

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