El amor de Dios
La mayor expresión de amor para los que somos creyentes, es la de Jesús que dio su vida para redimirnos, cuando murió por nosotros, una muerte dolorosa, una muerte en cruz.
No sé si tú que me lees, tienes conocimiento o no de los padecimientos de Jesús durante Su pasión y muerte, no soy una erudita en este tema, pero siempre me ha llamado la atención el inicio de Su pasión con la oración en el huerto de Getsemaní y por eso en ocasiones he investigado y profundizado un poco.
Te cuento, según los Evangelios de San Lucas y San Mateo, Jesús antes de ser apresado por los Romanos y sabiendo muy bien todos los pesares que tenía que padecer en las próximas horas, va a orar al huerto de Getsemaní o Monte de Los Olivos, junto con Pedro, Juan y Santiago, llegando allí Jesús se entristece y angustia al punto de decirles "Mi alma está triste mortalmente, quedaos aquí y velad conmigo" mientras Él se aleja un poco y postrando su rostro al suelo comienza a orar diciendo "Padre, si quieres aparta de mi este cáliz, pero no se haga mi voluntad, si no la tuya" entrando en agonía, dice la Biblia, que Jesús comenzó a sudar gotas de sangre que caían sobre la tierra. Luego, se levantó y fue adonde había dejado a los tres discípulos y los encontró dormidos.
Este pequeño relato de la Biblia me hace pensar en tres cosas: una, sabiendo muy bien Jesús lo que iba a padecer se entristece al punto de sentir morir, pide a sus discípulos que oren por Él. ¡Él! que siendo Dios sintió necesitar la ayuda de sus oraciones, y los discípulos aun y cuando Jesús les pidió que velaran con Él, se durmieron, igual nos pasa a nosotros, nos dormimos, nos relajamos con Dios y no perseveramos en la oración.
Dos, le pide a Dios Padre que si podía le apartara de ese sufrimiento, lo mismo que hacemos cualquiera de nosotros ante un escenario trágico de nuestras vidas, pedimos a Dios que nos simplifique las cosas, sin embargo, también le dice a Dios Padre que se haga Tu voluntad y no la mía; y ahí es justamente donde fallamos, porque no queremos aceptar sufrimiento alguno, por lo tanto, no nos convence mucho eso de aceptar la voluntad de Dios.
Tres, estar en un estado tan alto de estrés y ansiedad que comenzó a sudar gotas de sangre. Me detengo un poco con esto último; pensé que este suceso había sido algo Divino, que era solo por su condición de Dios, pero no. Resulta que la condición que provoca sudar sangre se llama hematohidrosis. Es una enfermedad poco común que ocurre cuando se rompen los vasos sanguíneos que alimentan las glándulas sudoríparas. Una de sus principales causas es el estrés físico o emocional extremo. ¿Puedes imaginar el alto nivel de desesperación, estrés y ansiedad que padeció Jesús en ese momento? Más que eso, ¿imaginas que a pesar de esa angustia, aceptó todo ese sufrimiento para salvar nuestras almas? almas que ni siquiera querían ser salvadas, almas de personas que luego lo abofeteaban, azotaban y crucificaban, almas como la tuya y la mía que conociendo a Dios seguimos pecando, seguimos cayendo en tentación y ofendiéndolo.
Visiblemente el amor que Dios siente por nosotros es supremo, incondicional, sin fronteras, es un amor que supera por creces el amor materno, ¿puedes imaginarlo?
Hace poco escuché esta reflexión, trataré de trasmitírselas lo mejor que pueda.
¿Cuántas veces hemos sentido que no amamos a Dios lo suficiente? Y pensamos que ese es nuestro problema, que es la razón por la que no avanzamos, por la que recaemos una y otra vez en nuestros errores. Pero no, ese no es el problema, el problema es que no entendemos que Dios nos ama infinita e incondicionalmente. Si entendiéramos cuánto nos ama Dios entonces no pudiéramos evitar amarlo, cuando entiendes y te sientes realmente amado incondicionalmente por Dios, comienza el cambio en nuestras vidas. Dios nos ama en los días buenos y también en los días malos, nos ama cuando lo sentimos y cuando no lo sentimos, nos ama cuando hacemos lo correcto y cuando no hacemos lo correcto; porque el amor de Dios no se basa en lo que somos nosotros, se basa en quién es Él, no se basa en lo que nosotros hacemos sino en lo que Él hizo por nosotros en la cruz, colgado con los brazos extendidos y clavos en sus manos y sangre fluyendo de todo su cuerpo por las heridas de los latigazos, bofetadas, corona de espinas y todos los flagelos a los que fue sometido. Allí Jesús nos está diciendo "te amo mucho, te amo tanto que duele, prefiero morir que vivir sin ti". No podemos hacer que Dios nos deje de amar, podemos intentarlo todas las veces posibles, pero siempre fallaremos, porque Su amor no se basa en nuestra condición sino en el carácter de Dios, cuando entendamos eso, nos sentiremos libres.
Vivamos sabiendo y entendiendo que Dios nos ama profundamente, no importa lo que hagas o dejes de hacer, Él nos seguirá amando. Vivamos agradecidos con Dios por esa gran expresión de amor que tuvo con nosotros al morir en la cruz, demostremos que si queremos avanzar, que si queremos que Él se sienta feliz por nosotros, seamos bondadosos, amorosos con nuestro semejante, sobre todo con nuestra familia, con los que están cerca, con los que compartimos cada día.
Nosotros no elegimos a Dios, Dios nos elige para amarnos y salvarnos. Él toca la puerta de nuestro corazón, solo está en nuestras manos dejarlo entrar, "ojo" que esa puerta solo tiene manilla por dentro, no depende de Él, depende de nosotros.

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