Mi Perú querido
Un 17 de marzo de 2018 llegamos a Lima mis dos hijos y yo, en un avión procedente de Bogotá, Colombia; desde Venezuela a Bogotá nos trasladamos por tierra. Era la primera vez que salía del país y a pesar de todas las dificultades que tuvimos y la situación que vivía y vive Venezuela, el viaje fue relativamente fácil. Mamá debió estar rezando por nosotros en cantidades industriales.
Cuando llegamos a Lima, nos recibió el que era mi esposo, el padre de mis hijos, el hombre que yo amaba profundamente, tuve el recibimiento más parco de la historia, en ese momento se hizo mucho más evidente lo que era ya muy notorio.
Desde que llegamos a Lima, ya hace 7 años, estamos en el mismo lugar, solo que al llegar era un departamento y ahora es un hogar. No teníamos nada de nada. Ni una cuchara ni una almohada. Solo 2 colchones inflables, una cocina de mesa de dos hornillas con una bombona pequeña de gas.
Al principio era inevitable que extrañáramos lo material, la cómoda cama, muebles, mesa, cocina, nevera, lavadora, patio, carro, juguetes, en fin, todo lo que para el momento no teníamos y que sentíamos necesitar.
Luego con los meses fuimos adquiriendo lo necesario y básico, unas cosas por donación de gente maravillosa que conocí acá en Lima y otras que compramos según nuestras posibilidades, lo material se suplió rápidamente. Y entonces comenzó el vacío de la familia, del calor de hogar, domingos, paseos, reuniones, cafecito con mamá por las mañanas, las tertulias con mis hermanas o las visitas de mis hermanos, no estar presente en los cumpleaños o fechas especiales.
Aun sigo sintiendo ese vacío de familia, me pesa mucho que mis hijos no convivan con primos, tíos, abuelos; no sepan lo que es compartir un domingo o una cena de Navidad con más de 4 personas. Poco a poco hemos forjado amistades muy queridas, amables, generosas, consideradas y yo diría que hasta incondicionales. Sin embargo, está claro que no llegamos a esa cercanía como la de la familia.
Lima ha resultado ser un buen lugar para migrar, estamos ubicados en una urbanización donde tememos prácticamente todo a la mano, es solo bajar 4 pisos y encuentras a menos de dos cuadras, farmacias, panaderías, Centro Comerciales, supermercados, restaurantes, mercados populares, centros de salud, escuelas, entretenimiento, iglesias, comisaría y pare de contar, a todas partes podemos ir a pie sin ninguna dificultad. Tenemos todos los servicios básicos y más, medios de transporte a todos los lados a patica 'e mingo, diríamos en Venezuela.
Conocemos pocos lugares de Perú, en honor a la verdad no hemos salido de Lima, pero hemos encontrado en Lima hermosos lugares para pasear, una ciudad muy bonita que muestra una costa fabulosa, con una gastronomía envidiable y lo mejor de todo son las buenas personas que Dios ha puesto en nuestro camino, vecinos, amigas y amigos, personas que han sido luz y vitamina para el alma.
Los choques culturales son muy interesantes te hacen crecer como persona, aumentan tu vocabulario y mejora tu forma de ver la vida. Nunca he sentido xenofobia por parte de peruano alguno, claro está, siempre hemos tratado de ser amables y respetuosos, no ha sido difícil porque ellos nos han dado la mano en todo momento, nos han hecho sentir como en casa.
Perú se ha arraigado a mi corazón y al de mis hijos, sus costas, su comida, su economía relativamente estable, su clima (ni tan caliente ni tan frío) y por sobre todo su gente. Amo los otoños e inviernos, porque son desde frescos hasta fríos, sin pasar a gélidos insoportables. Hemos sido bendecidos porque nunca falta, tampoco sobra (risas), pero hemos logrado tener todo lo que necesitamos.
Quiero agradecer con estas líneas a Perú por habernos recibido con tanto amor, por habernos permitido vivir, trabajar y educarnos en este hermoso lugar. Mil bendiciones para Perú.

Hermosa reflexión Yeli, te quiero mucho
ResponderBorrar