Cuando la gente buena muere


Cuando hablamos de gente buena todos pensamos como primera opción a nuestra madre, a excepción de unos 3 ó 4 que pueden haber por ahí. Hablaré de la mía, mi madre.

Hace más de un año mamá murió. No pude estar allí porque nos separaban 3.850 km de distancia, no tenía los medios ni la logística para ir, eso me dolió mucho.

Mamá tuvo unos padres maravillosos según ella cuenta, yo no pude conocerlos, pero me hubiera encantado; la abuela Gertrudis era la del orden, disciplina, la que mandaba; el abuelo Roberto, era un hombre que practicaba la filantropía, noble, bondadoso, amoroso y siempre al servicio de los demás; ambos educaron a mamá en valores, espiritualidad y conocimientos. Siempre decía que recordaba la niñez como la mejor etapa de su vida, a pesar de las carencias que tuvieron, pues eran una familia de campo que vivían de las cosechas de café en los Andes Venezolanos, levantando 6 hijos. 

Mami se enamoró muy joven de papá, se casaron cuando ella tenía 22 años, salió de su burbuja, de una casa llena de amor y con todos los servicios básicos, algunos se obtenían con dificultad, pero todos cubiertos; a vivir en un lugar donde le costó adaptarse y sentirse cómoda. 

Somos 5 hermanos de padre y madre. Mamá amó profundamente a papá hasta el último día de su vida, siempre hacía énfasis en los aspectos buenos de papá. 

En el año 1.970 mamá tuvo un accidente automovilístico en el que murió la abuela Gertrudis, mamá tuvo fractura de cráneo y del maxilar izquierdo, con consecuente pérdida auditiva por las múltiples fractura del oído y también parálisis facial, mamá tenía apenas 31 años, ya con dos hijos. El proceso de recuperación fue lento, y quedaron muchas secuelas físicas, emocionales y psicológicas. 

Para el año 1.976 su papá Roberto muere de enfermedad natural estando al cuidado de ella, embarazada por cuarta vez (me esperaba a mi). Mamá amaba profundamente a sus padres, pero tenía especial cariño a mi abuelo, fue para ella el que siempre le demostró amor incondicional, él fue su gurú del servicio a los demás. 

Papá muere en el año 1.983 de un ACV, tenía tan solo 49 años, deja a mamá viuda con 5 hijos, el mayor tenía 16, la menor 4 años. Mamá nunca había trabajado, digo remuneradamente, porque todos sabemos que ser ama de casa es una tarea ardua, no pagada, o mejor dicho muy mal pagada, nadie agradece ni ve los sacrificios que eso amerita. Se armó de valor y guáramo y se encargó del trabajo que papá hacia como comerciante en una ruta de venta de víveres, por 13 años para poder mantener a la familia.

En esos años todos en mi familia pasamos por muchas cosas que no hubieran pasado si mamá hubiera estado en casa, claro está, nada exageradamente malo, a fuerza nos tocó aprender, tuvimos muchos tropiezos, no había mucha abundancia, más bien escasez, pero siempre hubo quien la apoyara, vecinos, familia y por sobre todo, Dios. 

Mamá fue una mujer de fe implacable, con una vida religiosa activa, servicial, amorosa, bastante exigente, ordenada, directa (demasiado diría yo), generosa, siempre fue comprensiva, dulce, tenía una preferencia y/o debilidad por los hijos varones y yernos. Todos la amábamos, hasta los yernos y yernas que iban y venían. Todo el que conocía a mamá quedaba con un afecto especial por ella. 

Desde el año 2.008 aproximadamente mami comenzó a presentar síntomas de Alzheimer, con un franco deterioro a partir del año 2.018 hasta su muerte en el año 2.023. Mis dos hermanas, una más que la otra, tuvieron la ardua tarea de cuidar a mamá todo este tiempo, con errores y aciertos, pero siempre con mucho amor, la paciencia iba y venía, pero el amor era constante. 

A pesar de todas las vicisitudes de la vida que tuvo mami, ella siempre tenía una sonrisa a flor de piel, una solución a cada problema, una respuesta a cada pregunta, no había nada que no se solucionara con una tacita de café o un caldito de sopa, mamá era sol en días de tempestad, y fresco en los días de recio sol, con ella siempre había equilibrio, no importaba cómo te hubieras portado ni cuánto tiempo había pasado sin verle o llamarle, ella siempre te recibía con mucho amor. 

Estás líneas no le hacen honor a lo que fue mi madre, ni a lo que ella vivió, tengo la certeza de que ella siempre estuvo agradecida con Dios por todo, seguro su dura vida y aceptación de la misma ayudó a mamá a ir al cielo, sé que ella está con Dios y la Virgen y desde allá sigue orando por nosotros, sus hijos. 

Les cuento que desde la distancia, los tiempos en que mamá estuvo con el deterioro cognitivo más marcado, cuando la llamaba no me reconocía, no sabía con quién hablaba, solo en algunas ocasiones me recordaba y la sordera de mami dificultaba aun más la comunicación, así que nuestras conversaciones eran un poco complicadas.  Meses antes de morir mamá, sentía la necesidad de pedirle perdón por todas las estupideces que hice en mi vida y que seguramente la hirieron, desobediencias, malas caras, desprecios, gritos, impaciencia y todas esas tonterías que hacemos cuando somos adolescentes, jóvenes y no tenemos hijos. Un día tuve la oportunidad de que una sobrina estaba en casa y hablé con ella para que le tradujera a mamá y explicara lo que yo le iba diciendo, iniciando la conversación, mamá no me reconocía, al principio saludé, intente crear el vínculo madre e hija, pero se me hizo difícil, igual decidí decirle lo que sentía y le pedí perdón por todo así no me entendiera, mi sobrina traducía, mamá me miró por un par de segundos en silencio y me dijo: "ay hija, yo no tengo nada que que perdonarle, usted dedíquese a ser feliz y educar a sus hijos" y me lanzó un beso, yo rompí en llanto, mamá tuvo esos segundos de lucidez, me reconoció y perdonó. Dios estuvo presente en ese momento entre nosotras dos, lo sé con certeza. 

La gente buena cuando muere no se entierra, se siembra; mamá era gente buena y por eso quedó sembrada en todos nosotros. Quedó sembrado su amor, generosidad, dichos, refranes, palabras, gestos, sonrisas y lágrimas.

Cuando menos pensé, mi madre estaba en mi, en mis palabras, en mis opiniones, hablo de la misma forma en que ella me hablaba, la he encontrado en mis ojos, en mi boca, en mis actos, en mis gestos, utilizo las mismas formas para hablar con mis hijos, mamá definitivamente quedó sembrada en mi corazón, en mi vida, ella está ahí cada vez que me miro en el espejo, cada vez que miro al cielo.

Mamá eres el árbol frondoso, siempre verde, que nunca se seca, dando sombra y cobijo, aun y cuando ya no estás físicamente, porque te has quedado acá sembrada en nuestras vidas y en nuestros corazones. Te amo y sé que estás conmigo a cada momento desde el cielo. 







Comentarios

  1. Que bonito leer esta maravillosa descripción de lo que fue tu señora madre, es inevitable enjugar una lágrima.

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