Días de días
Hay días de días, días en los que amamos profundamente y otros, que no tanto; días en los que estamos preparados y dispuestos a soportar cualquier comentario o situación adversa y hay otros en los que el menor tropiezo nos hace sacar a flote nuestra más terrible versión.
Hay días de sol y días de lluvia, muchas veces no sabemos cómo manejar esos cambios tan drásticos, en algunas ocasiones son paulatinos, lentos, y en otros casos son de un sopetón. Normalmente pensamos que si nos va bien, Dios está con nosotros; pero si nos va mal, entonces asociamos con que Dios no está con nosotros. No creo que Dios sea o esté solo en el resultado, si no que Dios es y está en el proceso, confiemos en eso.
Los humanos somos seres complejos, propensos a cometer errores diariamente, tomar decisiones correctas no es fácil. Somos el producto de lo que decidimos día a día. Ser responsables y consecuentes con eso en ocasiones puede ser bastante difícil, sobre todo porque la vida no para, no se detiene mientras resuelves tus problemas, el trajín continua.
Sospecho que el éxito está en llevar el día a día, en concentrarnos en una cosa a la vez, sin descuidar el resto. Cuando se tiene un duelo físico o emocional, normalmente creemos que todo alrededor está acabado que no hay nada por qué luchar o por qué vivir; hay estrategias para cada situación, siempre las hay, es solo que a veces queremos que todo pase rápido, que se solucione en un 2 por 3, o mejor aun que nunca hayan tropiezos ni oscuridad, solo días de sol.
Sin duda alguna, hay situaciones que no se pueden tomar con tanta ligereza, hay algunos casos que precisan tiempo, en ocasiones hasta se enquistan, o simplemente la solución no está en nuestras manos, así que soltar también se convierte en una dificultad. En resumen, por una u otra razón, inevitablemente tendremos días o temporadas malas, es Ley de vida.
Sin embargo, podemos hacer que los días difíciles sean menos tormentosos y que los días buenos sean fabulosos, celebremos cada logro diario, cada momento positivo que tengamos en el día vamos a darle nuestra mayor atención y agradezcamos por ese momento, ser agradecido trae abundancia.
Enseñemos a nuestros hijos que hay días buenos y otros no tanto, pero que todos los días deben ser bienvenidos para vivirlos con entusiasmo y buena actitud, porque todo pasa y nada es eterno. Normalmente encontramos a Dios más rápido en los momentos difíciles de la vida y eso es porque en esas ocasiones es cuando más lo buscamos y "el que busca, encuentra".
En muchos casos los momentos difíciles nos preparan para la adversidad y para recibir o ver con buenos ojos las ocasiones de alegría y es que si no conocemos la oscuridad, cómo sabremos agradecer y disfrutar la luz.
En definitiva, los días de días, nos permiten valorar y disfrutar con más intensidad los buenos momentos, pues si no tenemos con qué comparar, no podremos darle la relevancia que tienen esos días buenos sobre los no tan buenos.

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